Últimas plaquetas publicadas: (hacer click encima de cada una para ver más)

La amante y el telar de Alejandría

(De Oriente)



Thaís, al frente del Imperio,
un segundo,
Thaís al frente del espejo dibujándose la anatomía,
confusa ante las estrategias, ante la sensualidad del triángulo
que crece justo encima de sus ojos,
equilátero, con punta superior de ojo naciente.

Dos hojas de palmera se encuentran.
Una sola acostada en el agua, se duplica.

Mastica con cuidado el ciervo líquido las vainas del pasillo
para la alfombra verde;
el impulso de la clorofila,
se atraganta floreciendo en un jardín hecho de carne;
La dentadura de su cuidador terroso esputa, la propia arena
tose para el lenguaje y la pirámide, estructura una figura
no la grafía, el símbolo del colibrí,
que agita la velocidad del río allá en su frente de palabra,
la hélice volada del silencio,
la sábana que ha dejado un solo músculo con vida en el abdomen
del guerrero lógico, la lanza de Alejandro diluida
igual que cera mientras duerme
y tumba el lomo del león rocoso, las cordilleras de un caimán
apeado en su mandíbula de hambre.

Engulle el sol de la batalla el saltamontes y la ceremonia,
Tahís divisa el teatro mientras una tela gravita su cuerpo y lo embalsama
para la metamorfosis.
Piensa ya en la mariposa la estructura de la concubina,
le acaricia el paladar un revolotear del ángel,
el beso grávido para el que falta tierra,
el folio desde la manzana al grano que fecunda la túnica,
la declinación, el pecho ansiado y la madurez cristiana.

Egipto ama, Thaís,
la tela ama rabiosamente mientras envuelve
la espada del Magno,
la herida es un bastón para el camino,
la sangre del anciano es el anuncio de las letras,
Thaís, medita,
la sangre es el vestido del teatro y de los perros lobo,
oscuros, faraónicos, de Osiris por encima de la muerte,
de Anubis vigilando las compuertas que abren el cajón del miedo.
Thaís, su carne, la boca, el hábito y el puño violento
la sílfide de la columna, las diligencias,
el Imperio en un telar tela de araña,
y encima de la red cae un poeta, con su arpa mórbida la música,
el sueño del clásico y las islas necesarias
para la dominación al frente del espejo,
una silueta envuelta por un cuervo de alas rojas,
otro triángulo,
con ángulo de lanza ojo naciente otro triángulo,
una figura que se decompone cuando reposa el general,
decide, imagina, sueña una figura que es Thaís,
que es Goliat pero no la grafía, no la forma,
al frente del Imperio una mujer,
al frente del espejo dibujada la anatomía del duelo
confusa ante las estrategias,
ante la ventana detenida frente a la sensualidad del triángulo
que crece justo encima de sus ojos con punta superior de ojo naciente,
dos hojas de palmera, una hoja en el agua,
la conversión del Nilo en un espejo, que diluye la figura de Alejandro
mientras duerme y rompe sosegadamente
el lomo ronco del león hecho de aire.

No hay comentarios:

Publicar un comentario