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Agua de vapor

(De Oriente)



Se necesita talco para restar brillo a las frentes,
los cántaros y las cubetas se llenan de la humedad necesaria
en el poblado de Hanoi.

La temperatura crece por encima de los hornos que cobijan todavía leña ardida;
el adolescente, fogosamente hormonado
comprende porque su pene se ablanda igual que un mástil de cera,
cuando la figura de miel resbala ocupando térmicamente la entrada de la casa, y humean colgados de los arpones
esqueletos de animales ordenadamente vertebrados.

Al frente de las tiendas, mientras los escaparates con mascotas vivas
registran temblores superiores a los del terremoto,
acarician fósforos a las orillas del río las paredes de papel,
y arden mostrando la desnudez de la muchacha vietnamita,
su sendero armónico, que trenza el músculo del ánfora
al abandonar la pileta de piedra.

Reluce con capacidad de ojo tras soportar el círculo de la linterna
el sudor del mercurio en los tubos de ensayo;
El soldado, aplica varios manotazos sobre la nuca de su compañero,
aunque las trompas afiebradas de los mosquitos hembra
la consigan impactar, después de haber atravesado el fruto
para enfermar a la cabra mascadora de tabaco.

La partitura sobre el fogón deshace su complejidad en granos individuales;
el arroz recién hervido levanta una gasa de vapor,
y el volante exactamente gaseoso de la bailarina oriental,
flota con mayor ligereza porque su blancura
otorga la misma profundidad al cuenco,
y su sombra en la pared dibuja a la paloma centelleante,
su testuz anacarada.
El horizonte gasea, la tierra atravesada por el rebaño de pieles
queda levantada colándose en la mirada de los mártires paseantes.
Nace una caña de bambú doblada para que mastique el koala;
el verdor del eucalipto, queda sin embargo en las zarpas
del panda vaporoso tras el impacto de la menta
sobre su paladar moteado.

La desnudez gaseada obliga a la danza
y la ciudad, se trenza en vapor aguado mientras la muchacha
se desenreda el nudo último del capuchón,
que cubre su trenzado boreal.
Al único que el polvo no le irrita la vista,
es al adolescente del falo derretido
del consumido velamen, porque ha quedado ciego previamente
al ver trashumar corderos,
la lana que también levanta polvo en el camino,
cuando la muchacha, en su esqueleto ha abandonado la pileta,
para tejer y destejer el pañuelo de su cabello quebrado.

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