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No hay como extender...

(De Katábasis)




NO HAY COMO EXTENDER las palmas y pensar: “el polvo esta de
nuestro lado.
Todavía a veces se percibe la acuarela en la que van formas difusas, rostros de ángel con dientes de gravilla, huecos elefantes (altos, densos), basurales, lápidas, esponjas; saltamontes que se afeitan con un niño de frambuesa bajo el brazo.

No hay como pensar: “lo ausente esta también de
nuestro lado.

Si toda la verdad fuera un vagón donde los ojos, animales de tres lenguas, flores amarillas... -se mezclasen sin una ligazón de víscera y escoria, sin una irritación de sal que lo defina,
pensaría: VENCEREMOS;
pensaría: “el heno, la toxina, la barbarie, están de
nuestro lado.

A veces hay en toda luz como una involución a pez nocturno, en todo rostro como una oscuridad de platas acabadas.
Pensaría: “no todo está perdido, tu sangre en el bidé es la esperanza,
la piedra espera bajo un arco de silencio su párpado de arcilla, pensaría: “lo fugaz, lo inaprensible, están de
nuestro lado.

A veces tu saliva se descorre por mi palma en una leche muy sencilla, ahí lo que es preciso para nadie: flota; ahí se van amontonando con sus moldes las palabras, el almíbar de una virgen, la estructura de un gusano, los cuadernos, los residuos...
No hay un dejo de sutura por los labios cuando inventan la amargura,
cuando son dos perros flacos que se encuentran en la noche y que se miran;
pensaría: que también “la filiación, la bilis, lo cansino, las bacterias, están de
nuestro lado.

No existe todavía una mirada tan profunda con que pierda su reflejo en una gota de cristal, solemne al tacto,
casi onírica,
la concha mineral donde renaces
muerto.

Ahí se van a reencontrar: lo que es preciso para nadie: flota;
la mano que descorre un muelle ciego en las arrugas; ahí donde se van recomponiendo unas estatuas hechas carne con el malva, el plástico de un labio, las arañas de un reloj, las cicatrices.

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